Después de pensarlo seriamente, me he decidido a llevar acabo de mi plan. Lo he pensado durante largo rato, pero no lo he pensado mucho. El plan es, como era de esperar, maquiavélico, pero no es problema porque es esta naturaleza la que lo hace eficaz. No es de extrañar que sacrifique la burrocracia para conseguir agilidad es mi trayectoria..., ¿no?
Cuanto más lo pienso, más me arrepiento de no estar haciéndolo, y más urgente se me hace. Los planes requieren su tiempo, pero si se deja esperar demasiado, acaban por inflarse de furia y acaban saliendo mal. Es necesario por tanto ir cometiéndolo con disciplina y continuamente, cada vez que tengamos la oportunidad, ejecutarlo abnegadamente.
Una vez cruzada la frontera del no retorno, respiraré hondo el aire frío del mundo real y con las manos sudorosas marcharé construyendo ese nuevo camino, construyendo mis nuevas áreas de negociación y quemando la maleza que las invade.
El plan tiene que tener un espacio respetado, despejado de otras interferencias.
El curso del plan no tiene que ser estricto, pero sí de ideas claras y fines con masa y volumen definidos.
El plan se cimienta sobre unas ideas que podrían ser consideradas más bien como reglas.
(1) Desprenderse de la oscuridad de la misma manera que si el mundo estuviese empapelado en negro y te dedicases a arrancar este envoltorio; el fin de esta regla es asignar masa y volumen a los distintos objetos del mundo.
(2) Romper la presa de hormigón que aisla el reactor nuclear de la ciudad. Una vez que aparezcan las fugas y haya un trasvase de radiación a la periferia, las interferencias que dificultan la comprensión de la información y los códigos se apagarán. El fin de esta regla es similar al de romper un cristal translúcido que nos separa entre nuestra celda y el universo circundante, y que deforma la realidad de las objetos. Ni que decir tiene que la aplicación se esta regla ayudará a asignar masa y volumen a éstos.
(3) Exterminar las distintas formas de alimañas subterráneas que atentan contra la nueva situación vigente. La conspiración será perseguida y castigada. La purga debe ser, a la vez, silenciosa y progresiva, no como una gran reacción antirrevolucionaria de una poderosa coalición, sino más bien como una nueva cepa de un virus letal que va infectando el nuevo hospedador, propagándose y evolucionando hasta que se hace ubicuo e inextirpable. El fin de esta regla es claro: llenar de mierda los conspiradores y perpetuar el nuevo sistema de tráfico de información.
(4) Por último, reunir a los infectados en un recinto en cuarentena envuelto en cinta amarilla con "peligro biológico" escrito en bastardilla, y correr rumores y generar una gran paranoia colectiva entre tus similares de que las ideas antirrevolucionarias vuelven a brotar, que no se puede bajar la guardiaante la teoría de la conspiración.
El fin de esta última regla es dejar que se pudran los cadéveres, haya un gran miedo en las calles y que puedas volver a tú sofá para contemplar perfectamente la masa y el volumen de los distintos objetos que crecen en el nuevo mundo que has creado..., en el que, por cierto (ten por seguro), nadie conspirará contra ti.

La virgen. he de mirar tras cada esquina, la amenaza está ahí... jamás me encontrarás, sabandija.
ResponderEliminar(Me rasco la extraña mancha que ha salido en mi brazo después de recibir una corriente húmeda y metálica desde el cielo)
Cachis. Qué será esto.
La maquina de comentarios sale puntualmente dejajo de cada post. Todo en orden pues. Sal a la blogosfera... hace falta un alma noble y extraña como tu entre tanto cantamañanas.
buenos dias,
ResponderEliminardelante de tí te digo es bueno escribir,
aunq sea largo y enrrebesao se merece una segunda lectura.
es bueno que tengas un blog y que escribas.
besos
¡Escribe, maldito, escribe!
ResponderEliminar